lunes, 1 de junio de 2009

Uno de los ¿PORQUÉ? de Gardel


Es preciso fijar algunos conceptos respecto del tema militar, en el cual algún resentido lo involucra, diciendo cualquier cosa.


Pretenden analizar, a la luz de conocimientos de hoy, lo sucedido hace ya un siglo en un mundo y un país, completamente diverso de los de ahora.


En 1909 Carlos debe decidir su futuro como ciudadano, después de que su vida transcurriera sin necesidades de tomar determinaciones decisivas.


Ligado a las circunstancias de su llegada, procedente de Francia, con su señora madre, lo “sabemos” como un ser que cursa la escuela elemental, la de artesanos y lo notamos registrado ante la policía de la Provincia de Buenos Aires, como CARLOS GARDES, próximo ya a cumplir los catorce años y quedando asentado en la ficha de identificación correspondiente, su origen francés y sus impresiones digitales, dato este confirmado muchos años después, al obtener – ya como CARLOS GARDEL - su primer pasaporte argentino (año 1923), donde las mencionadas huellas se repiten y permiten afirmar, sin lugar a dudas, que el tal GARDEL de ese momento es el GARDES del año 1904.


Es perfectamente conocida y me consta por circunstancias cercanas, que siempre fue un anhelo de la juventud porteña, esquivar el Servicio Militar, de un año en el Ejército o dos en la Marina.

Así es como, simplemente, en forma natural y de acuerdo al “sentir generalizado” de la época en Buenos Aires, Carlos decide, NO HACER LA COLIMBA, ni en Argentina ni en Francia y por lo tanto no se registra en ninguna oficina gubernamental o diplomática.


El joven Gardes estaba al tanto para entonces, de lo que le había sucedido a su amigo Cirilo Esteban Capot, declarado finalmente desertor del ejército francés, por haberse registrado en un momento determinado de su vida, en el consulado de ese país.


Este “affaire” también adquiere importancia en la decisión de Carlos, si es que alguna vez la tuvo, de presentarse a revalidar su identidad en el consulado francés. Esta realidad da por tierra con todas las fabulaciones escritas sobre este tema, incluso la que se refiere a que no debía hacer el servicio por ser hijo de madre viuda, lo cual no es cierto en el caso de la ley francesa, que no lo excluía por ello de su obligación, sino que solamente lo favorecía con una retribución monetaria para poder así, concurrir al “sostén” de la madre.


No olvidemos que para ese entonces Carlos era un muchacho común y corriente que resolvió, por si mismo, cual sería su destino inmediato. ¿Que derecho tenemos nosotros hoy a juzgarlo?


Más tarde, cuando comienza profesionalmente su actuación artística, resuelve cambiarse el apellido, trocando la “s” final por una “l” y con los años, las circunstancias derivadas de su éxito artístico, lo obligaron a tener algún tipo “confiable” de identificación, pero ya no podía volver atrás el tiempo y presentarse ante el consulado de su país de nacimiento, pues la Segunda Guerra Mundial había cambiado el escenario.


Carlos sabía que en materia del cumplimento de obligaciones militares, estaba jugado desde hacía tiempo y como buen apostador, busco la mejor manera de resolver su condición, sin correr riesgos presentes ni futuros.


Nace entonces el transitorio documento gestionado en el consulado uruguayo donde, a nombre de Carlos Gardel, se constituye como hijo de Carlos y María Gardel, ambos fallecidos. Nacido tres años antes de lo real, pero manteniendo, extrañamente , el mismo día de su nacimiento: el 11 de diciembre.


Según Isabel del Valle, se eligió como falso lugar de nacimiento el nombre de Tacuarembó, a sugerencia de uno los testigos, el ex policía Juan Laguislet que había actuado en ese Departamento. Nótese que al momento que se dice nació Gardel, la ciudad de Tacuarembó no existía y era sí una denominación genérica referida a una común provincia.


En otras palabras es como si en Argentina, alguien llevara en sus documentos que nació en

Río Negro o Chubut, que son provincias y no localidades.

Queda así invalidada, toda pretensión de descolocar la razón por la cual Carlos debió acomodar su proceder, a situaciones no previstas y que luego fue resolviendo con su singular maestría.


Carlos Gardel fue un producto de las circunstancias, tan comunes en nuestro país a principios del siglo XX y que lo alcanzaron a él y por igual a muchos otros inmigrantes.


José Pedro Aresi